Una Noche en Bici – Flotador
Salgo de mi casa directo hacia lo
desconocido con mi bicicleta
Con ella aprendo de nuevo a ser
quien soy: un lobo solitario que ama el manto oscuro de la noche
La noche que muestra a los seres
humanos como realmente somos: emputados, excitados, trabados…
Pedaleo, acompañado por los faros
intermitentes de la ciudad; paso por un camino empedrado mientras esquivo lo
huecos de la ciudad, rebaso autos y ando de un lado a otro por la avenida
principal, como si la ciudad fuera mía
Las caras cambian: se ven
borrosas, las emociones son otras, el
kilometraje suma distancia; no siento miedo. La libertad es única e
irremplazable
Acompañas el trayecto con una
cerveza, y un porro aspirado al 100%...
La música empieza a sonar más
fuerte, tus reflejos se agudizan, tu cuerpo se vuelve cada vez más fuerte con
el pedaleo, tu tórax se expande y tu respiración se oye más fuerte de lo normal
Eres un jaguar en busca de una
presa: te sientes dueño del territorio, sabes que la calle es tuya y de nadie
más… tú dominas la situación
Es como la primera vez: nunca contemplas aquellos consejos
que rondan tu cabeza
“¡Me siento libre de nuevo!”
Nada me ata…
Profundo: bien adentro, sé que esto es lo que quiero…
Acelero cada vez más: veo todo en “cámara rápida”…
Acelero cada vez más: no me preocupo por los obstáculos
humanos, no me importa el mundo, no extraño absolutamente nada, no recuerdo a
nadie….
Y digo en ese momento:
“Yo nunca moriré: lo sé, lo presiento, yo nunca moriré
Yo nunca moriré, no importa, viviré por siempre acá, me
gusta, yo nunca moriré…
No importa, lo que sea, yo nunca moriré….”
Ahora, no sé si morí, o si aún sigo vivo; sólo sé que sigo
montado sobre la bici, listo para escribir otra anécdota que quedará escrita en
un papel.
O en un archivo de Word.
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